“El enemigo poderoso o la imagen nefanda”

Sinopsis

Género: documental experimental, found footage

Realizada por Hocicona Films

Dirigida por Eli Neira

País: Chile

Año: 2025

Duración: 27 minutos 

Arreglos musicales y música original: Javier Araya (Javicamaleon), Leo Quinteros

Sinopsis: Durante el estallido social de octubre de 2019 millones de personas en todo Chile salimos a las calles para reclamar por las miserables condiciones de vida en el país más desigual y neoliberal de Latinoamérica. El gobierno del empresario Sebastián Piñera respondió sacando a los militares a las calles y declarando la guerra a un “Enemigo Poderoso”, el pueblo. Esta película está hecha con las imágenes que muchas personas subieron esos días a las redes sociales con la esperanza de que sirvieran para denunciar las violaciones a los derechos humanos que estaban cometiendo las fuerzas armadas y carabineros. No obstante, los servidores de internet las bajaban rápidamente por “contenido inapropiado”, borrando evidencia y una parte importante de nuestra memoria histórica y política.

5 años más tarde, en Montevideo este archivo de imágenes prohibidas por el tecnopoder, que alguien se dedicó a bajar y almacenar, me encontró a mí, con la misión de hacer con ellas una historia que nos mostrara a nosotros los chilenos y al mundo esta parte terrible de lo que vivimos, para contribuir en la construcción de una memoria activa que garantice la no repetición

¿Quién dice qué debemos ver y que no?, ¿Por qué el tecnopoder rapta imágenes de nuestra realidad impidiendo que éstas dejen su huella en nuestra historia, sea como consciencia, memoria o repudio? Esta película trata sobre eso. El subtítulo, “La imagen nefanda” hace alusión al “crimen nefando”, un eufemismo usado durante la conquista de América para ocultar aquello que no se podía decir sobre las atrocidades que cometieron los españoles contra los nativos americanos y su sexualidad en nombre de la iglesia católica, de la santa inquisición y de la reina.

Estreno online: 18 y 19 de octubre 2025 a las 21.00 Chile 


Un ojo entre lo nefando y la parresía. El registro de la violencia chilena

Por Manuel de J. Jiménez

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¿Por qué es importante ver El enemigo poderoso o la imagen nefanda (2025) de Eli Neira? Aunque sea duro, es un deber moral preservar la memoria colectiva. Más aún cuando esta memoria es dolorosa, porque nos recuerda y sitúa otra vez en lo que la conciencia colectiva –nacional o nuestra-latinoamericana– quiere desechar para continuar, en palabras de Guattari, con el curso de la máquina de captura capitalística. Por lo que sé, últimamente en Chile se busca atenuar y, en algunos casos, justificar la violencia inhumana y la represión de esa máquina estatal que se activó con sangre y cuerpos, no lejos de lo que sucedió en el 73. Poco ha cambiado la situación desde entonces y por eso la dictadura se niega a morir y la democracia no termina por nacer. Se trata, como sucedía en Sudamérica en la década del setenta, de un tipo de violencia que fue calificada con tino por Julio Strassera en su famoso alegato de clausura. En efecto, la respuesta del estado fue brutal ante los disidentes y enemigos políticos. Strassera dice: «Para calificarla, señores jueces, me bastan tres palabras: feroz, clandestina y cobarde». ¿No es acaso la violencia que registra Eli en su película, estrenada cuarenta años después de ese alegato, igualmente feroz, clandestina y cobarde? En la cinta vemos cómo se mata a mansalva a manifestantes, cómo se dispara en una ley fuga, cómo carabineros agreden a menores y atropellan intencionalmente a las personas.

 

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“Una imagen vale más que mil palabras” es una frase que se usa todo el tiempo porque es cierta, como lo avalan los estudios de neurociencia. No se sabe mucho del origen de la expresión, al parecer se le atribuye al editorialista Arthur Brisbane, quien aconsejó a un reportero en estos términos: «Usa una imagen. Vale más que mil palabras». Es ese ojo del obturador la «O» disyuntiva de o la imagen nefanda. Lo nefando proviene del latín nefandus, el gerundivo hacía que se entendiera como “lo que no debe ser dicho o expresado públicamente”. No es la representación o la claridad de la imagen lo que importa aquí, sino la fuente y la circunstancia. El reto era el siguiente: cómo articular el relato de la violencia estatal a través de una abuntante cantidad de videos e imágenes que fueron tomadas en teléfonos celulares y que –por lo que me contó la realizadora– fueron colocadas en la red para denunciar los abusos que en ese momento sufrían los chilenos. Se trataban, con toda justicia, de las pruebas de las violaciones a los derechos humanos que se volvieron cotidianas. Entonces Eli Neira tuvo que cortar, pegar y editar: generar continuidades narrativas de lo ocurrido en la calle. El documental debía mantenerse allí y mostrar el coraje de la verdad, es decir, hacer parresía.

 

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Yo estuve presente a finales de 2019 en Santiago y, aunque observé y viví imágenes que me conmovieron o me atemorizaron, la película de Neira completó el cuadro de la tecnología del terror que sentí en aquel momento crispando el ambiente. No es una película documental para apreciarla en cualquier momento, se requiere de cierta disposición para procesar esa violencia feroz, clandestina y cobarde. Por más dantesca que parezca, eso fue lo que sucedió en Chile durante los últimos meses del 2019. Verlo es nuestro deber, si queremos experimentar una justicia anamnética.


La Sobre-Vivencia Poderosa

Por Rodrigo Arenas
Artista, investigador y educador en performance. Master in Fine Arts, University of California at Riverside.

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Rodrigo Karmy planteó que Chile es, en sí mismo, un detenido desaparecido¹. Esta lectura de motivó mi propia interpretación, en la que también vislumbro y atestiguo² la capacidad de este país de producir el desaparecimiento, no sólo de manera independiente sino que también a partir de diversas articulaciones a nivel civil. Uno de esos espacios es el sistema del arte en el que, más allá de ese gran canon de las últimas décadas llamado Escena de Avanzada, se intersectan otras estructuras de santificación junto con el consumo voraz que no deja rastro alguno³. El canon siempre es excluyente, como lo comenta la académica de Estudios Afro-Norteamericanos Nadine George-Graves⁴, relegando a los creadores no seleccionados a la invisibilidad. Por su parte, los que justifican el canon lo conciben como un mecanismo necesario e incluso saludable, tal como la Supremacía Blanca defiende la eugenesia. En el intertanto el artista en Chile se enfrenta, además, al proceso de eliminación progresivo propio del régimen tecno-farmacológico neoliberal, cuyas manifestaciones van desde la polución del aire que respiramos, hasta la humillación social por dedicarte al arte.

Eli Neira ha (sobre) vivido todo esto y más. Su constante afán en insistir, una y otra vez, en seguir creando desde Valparaíso con los recursos materiales mínimos, la emparenta inequívocamente con las imágenes que ha rescatado para construir El Enemigo Poderoso. Este mediometraje está construido a partir de grabaciones que han tenido que sortear diversas amenazas contra su sobrevivencia. Videos que han enfrentado un proceso de eliminación estratégico, pero inefectivo. Trozos documentales que no han sido sistematizados ni resguardados por un repositorio que asegure cierta sobrevida, y que por lo tanto están sujetos al silencioso pero efectivo desgaste de los soportes digitales. Testimonios audiovisuales que, reconfigurados por Eli, irrumpen durante los últimos meses de la presidencia de Boric, que en sí es un gobierno que funciona en base al olvido⁵. Una administración que desconoció a las víctimas de trauma ocular, al “no más pitutos”, y a su propio ímpetu, pues si en el papel rechazaba a la no tan agonizante Concertación, terminó uniéndose a ella en su afán de odiar el pasado⁶.

No sólo por eso El Enemigo Poderoso es un documental urgente. Además, aparece precisamente en un momento en que la disputa por la narrativa en torno al Estallido Social Ciudadano de 2019 se encuentra muy energizada. Lo más lamentable de esta contienda es que gran parte de los argumentos, tanto los románticos como los que satanizan el Estallido, son absolutamente inmaduros, libidinosos, o encapsulados en la efimeridad nihilista del marketing electoral. En efecto, motivado por el trabajo de Eli hago un llamado para que el debate en torno a este tema se dé de manera más fructífera, sin caer ni en una idealización del Estallido que nos termine sumergiendo en una nostalgia masturbatoria paralizadora que desconoce la cooptación inmediata del Estallido y las complejidades del movimiento en diferentes regiones del país (sí, el Estallido no es patrimonio de Santiago solamente). Tampoco, caer en la injuria propia del olvido de Boric, desconociendo la debilidad del estado-nación como ente no imaginario evidenciada por el Estallido. De hecho, es difícil debatir sobre el asunto polarizadamente luego de haber visto, otra vez, El Enemigo Poderoso. En particular, la escena en la que un grupo de personas, desde el balcón de su departamento, graba a un militar cuyo lenguaje performático denota la posible amenaza de una bala como única forma de resolver la tensión, me regresa no sólo a las imágenes de La Batalla de Chile (1975-79) de Patricio Guzmán, sino que también a la octava Tesis sobre la Historia de Walter Benjamin: “La tradición de los oprimidos nos enseña que la regla es el «estado de excepción» en el que vivimos”⁷.

Finalmente, no puedo desconocer la asociación entre el título de este valioso documental-documento y El Enemigo Interno (2012), performance de Eli en la que se caga en la Constitución de 1980. Y es que una de las razones por la que no se puede afirmar que exista democracia en Chile recae en dicha Constitución, pese a los cambios que ha sufrido pero que no logran mancillar su espíritu. Ya lo dice H.L.T. Quan: la democracia es una forma de vida⁸, no sólo algo que sacas a pasear a la hora de votar. Es una ética, o sea una forma de relacionarte con los demás. Esta es la segunda invitación que hago a partir de las imágenes sobre-vivientes de El Enemigo Poderoso: reflexionar si es que es posible concebir el orden actual de las cosas como democracia, y por lo tanto a partir de ello, recalibrar lo que realmente estamos defendiendo, criticando, o ejerciendo.

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1 Karmy, Rodrigo. «El Chile detenido-desaparecido.» Cyber Humanitatis 27 (2003).
2 Uso este verbo porque yo he presenciado y sido afectado por diversos intentos de hacerme desaparecer como sujeto-artista, al contrario de mi experiencia en otros países, lo que reafirma mi tesis sobre Eli.
3 Si bien este consumo se ha intensificado con las redes sociales, es propio de la Sociedad del Espectáculo.
4 Ver George-Graves, Nadine. «The Good, The Bad, and The Ugly in Theatre, Dance, and Performance Studies.» In Troubling Traditions, pp. 23-35. Routledge, 2021.
5 Arenas, Rodrigo. «Boric: olvido y teatralidad como forma de gobierno». Gazeta (Ciudad de Guatemala), 17 Oct 2025. https://www.gazeta.gt/89561/.
6 Véase Thayer, Willy. 2006. El Fragmento Repetido: Escritos en estado de excepción. Editorial Metales Pesados, pág. 20.
7 Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia. Caum, 2016.
8 Quan, H. L. T. Become ungovernable: An abolition feminist ethic for democratic living. Pluto Press, 2024.

Estimad@ colega, este archivo ha sido realizado a pulso, sin mas apoyo que las propias ganas y la rabia. Ha sido un arduo trabajo de arqueología personal y memoria colectiva que me hizo organizar mucho material que nunca estuvo ordenado ni clasificado, por lo que es probable que haya incurrido en errores con los créditos. Si apareces en algún registro o tomaste la foto o hiciste el video y quieres que tu nombre aparezca, solo tienes que escribirme a los emails de contacto que aparecen en esta página, ya que no es mi interés invisibilizar a nadie sino todo lo contrario, potenciar y poner de manifiesto la enorme red de apoyos y credibilidades que hicieron posible esta trayectoria y que me hacen poder decir con orgullo que soy una artista de la escena de arte independiente.

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