Mi primer acercamiento a las artes visuales en tanto creadora, fue a través del collage. Chile cuenta con una interesante tradición de poetas visuales a la que quise sumarme y que comienza con Vicente Huidobro, continúa con Nicanor Parra, Juan Luis Martínez, Guillermo Deisler y la misma Violeta Parra que no dudo en extender su poética a soportes visuales. Fue mi primer desplazamiento desde la crítica a la creación de un universo visual.

Comencé en los 90 a desmembrar revistas de porno clásico, mainstrain, que llegaban a mis manos con profusión producto de una época, los primeros años de la postdictadura, donde Chile vivió un breve destape, una pequeña primavera de las ideas que puso a circular material y prácticas que habían estado fuertemente censuradas por la dictadura, la iglesia y también por el machismo de la izquierda clásica.

Yo no me sentía parte de nada de eso y una manera de instalar mi propia poético fue a través de la mezcolanza deconstructiva donde la distorsión de la imagen pornográfica se convirtió en una ironía, una manera de reírme de mi época. Estas obras fueron expuestas un par de veces en muestras colectivas de arte erótico sin levantar mayor polémica y se fueron integrando a las primeras ediciones de mis libros.