El mismo año, una vez realizado el gesto de introducir la bandera en mi cuerpo, el paso siguiente en ese ritual personal de purga y transformación del “dolor nacional”  era sacarla de ahí. De esta manera con la colaboración de La Perrera Arte donde se estaba desmantelando una escenografía, fui invitada a realizar la segunda parte de la acción.  En esa ocasión conté también con la colaboración de la poeta Lucrecia Galvez quien grabó su versión del himno nacional, que es el audio que se escucha en el video. La obra fue pensada como videoperformance y la producción audiovisual fue realizada por el artista Cheto Castellano y su productora Sin Kabeza. 

Sin saberlo con ambas acciones yo entraba de cabeza en la reciente escena postporno chilena, con artistas como Hija de Perra, Irina la Loca, donde existía una crítica radical a la democracia neoliberal y a la herencia de la dictadura a través del cuerpo pospornográfico.