En el marco del Festival de Arte intracarcelario que organizaba en Valparaiso, antes de la pandemia la poeta Alejandra Montoya, realicé la acción de lavarles las manos a los presos. Primero lo hice en el módulo hombres y luego en el módulo mujeres. Se trató de un gesto que provocó una enorme emotividad en las personas que participaron y también en mí. Fue en el módulo varones donde encontré la mayor receptibilidad, incluso en un momento, un recluso me propone invertir la acción y lavarme las manos a mí. En el módulo mujeres en cambio, al principio hubo mas reticencia y el deseo manifiesto de algunas de que no aparecieran sus rostros en el registro. Sin embargo las manos y los brazos de las mujeres dejaron a la vista las innumerables cicatrices de las heridas autoinflingidas, develando las múltiples violencias a las que están sometidas las personas en contextos de encierro carcelario.